<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3514832974183176039</id><updated>2012-02-17T02:23:11.746-01:00</updated><category term='&quot;Reseñas en Tierra de Cinéfagos&quot;'/><title type='text'>Supernatural High</title><subtitle type='html'>Mic check, 1-2, 1-2
(en estado de pruebas...)</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3514832974183176039/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>PJT/Darkman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05931030025911750746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3514832974183176039.post-8036674279425007656</id><published>2006-11-24T17:11:00.000-01:00</published><updated>2006-11-24T17:12:17.459-01:00</updated><title type='text'>Dagón, de H.P. Lovecraft</title><content type='html'>&lt;span style="color:#800000;"&gt;Escribo esto bajo una fuerte tensión mental, ya que cuando  llegue la noche habré dejado de existir. Sin dinero, y agotada mi provisión de  droga, que es lo único que me hace tolerable la vida, no puedo seguir soportando  más esta tortura; me arrojaré desde esta ventana de la buhardilla a la sórdida  calle de abajo. Pese a mi esclavitud a la morfina, no me considero un débil ni  un degenerado. Cuando hayan leído estas páginas atropelladamente garabateadas,  quizá se hagan idea -aunque no del todo- de por qué tengo que buscar el olvido o  la muerte.&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Fue en una de las zonas más abiertas y  menos frecuentadas del anchuroso Pacífico donde el paquebote en el que iba yo de  sobrecargo cayó apresado por un corsario alemán. La gran guerra estaba entonces  en sus comienzos, y las fuerzas oceánicas de los hunos aún no se habían hundido  en su degradación posterior; así que nuestro buque fue capturado legalmente, y  nuestra tripulación tratada con toda la deferencia y consideración debidas a  unos prisioneros navales. En efecto, tan liberal era la disciplina de nuestros  opresores, que cinco días más tarde conseguí escaparme en un pequeño bote, con  agua y provisiones para bastante tiempo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando al fin me encontré libre y a la deriva, tenía  muy poca idea de cuál era mi situación. Navegante poco experto, sólo sabía  calcular de manera muy vaga, por el sol y las estrellas, que estaba algo al sur  del ecuador. No sabía en absoluto en qué longitud, y no se divisaba isla ni  costa algunas. El tiempo se mantenía bueno, y durante incontables días navegué  sin rumbo bajo un sol abrasador, con la esperanza de que pasara algún barco, o  de que me arrojaran las olas a alguna región habitable. Pero no aparecían ni  barcos ni tierra, y empecé a desesperar en mi soledad, en medio de aquella  ondulante e ininterrumpida inmensidad azul. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El cambio ocurrió mientras dormía. Nunca llegaré a  conocer los pormenores; porque mi sueño, aunque poblado de pesadillas, fue  ininterrumpido. Cuando desperté finalmente, descubrí que me encontraba medio  succionado en una especie de lodazal viscoso y negruzco que se extendía a mi  alrededor, con monótonas ondulaciones hasta donde alcanzaba la vista, en el cual  se había adentrado mi bote cierto trecho. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Aunque cabe suponer que mi primera reacción fuera de  perplejidad ante una transformación del paisaje tan prodigiosa e inesperada, en  realidad sentí más horror que asombro; pues había en la atmósfera y en la  superficie putrefacta una calidad siniestra que me heló el corazón. La zona  estaba corrompida de peces descompuestos y otros animales menos identificables  que se veían emerger en el cieno de la interminable llanura. Quizá no deba  esperar transmitir con meras palabras la indecible repugnancia que puede reinar  en el absoluto silencio y la estéril inmensidad. Nada alcanzaba a oírse; nada  había a la vista, salvo una vasta extensión de légamo negruzco; si bien la  absoluta quietud y la uniformidad del paisaje me producían un terror  nauseabundo. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El sol ardía en un cielo que me parecía casi negro por  la cruel ausencia de nubes; era como si reflejase la ciénaga tenebrosa que tenía  bajo mis pies. Al meterme en el bote encallado, me di cuenta de que sólo una  posibilidad podía explicar mi situación. Merced a una conmoción volcánica el  fondo oceánico había emergido a la superficie, sacando a la luz regiones que  durante millones de años habían estado ocultas bajo insondables profundidades de  agua. Tan grande era la extensión de esta nueva tierra emergida debajo de mí,  que no lograba percibir el más leve rumor de oleaje, por mucho que aguzaba el  oído. Tampoco había aves marinas que se alimentaran de aquellos peces muertos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Durante varias horas estuve pensando y meditando  sentado en el bote, que se apoyaba sobre un costado y proporcionaba un poco de  sombra al desplazarse el sol en el cielo. A medida que el día avanzaba, el suelo  iba perdiendo pegajosidad, por lo que en poco tiempo estaría bastante seco para  poderlo recorrer fácilmente. Dormí poco esa noche, y al día siguiente me preparé  una provisión de agua y comida, a fin de emprender la marcha en busca del  desaparecido mar, y de un posible rescate. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A la mañana del tercer día comprobé que el suelo estaba  bastante seco para andar por él con comodidad. El hedor a pescado era  insoportable; pero me tenían preocupado cosas más graves para que me molestase  este desagradable inconveniente, y me puse en marcha hacia una meta desconocida.  Durante todo el día caminé constantemente en dirección oeste guiado por una  lejana colina que descollaba por encima de las demás elevaciones del ondulado  desierto. Acampé esa noche, y al día siguiente proseguí la marcha hacia la  colina, aunque parecía escasamente más cerca que la primera vez que la descubrí.  Al atardecer del cuarto día llegué al pie de dicha elevación, que resultó ser  mucho más alta de lo que me había parecido de lejos; tenía un valle delante que  hacía más pronunciado el relieve respecto del resto de la superficie. Demasiado  cansado para emprender el ascenso, dormí a la sombra de la colina. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;No sé por qué, mis sueños fueron extravagantes esa  noche; pero antes que la luna menguante, fantásticamente gibosa, hubiese subido  muy alto por el este de la llanura, me desperté cubierto de un sudor frío,  decidido a no dormir más. Las visiones que había tenido eran excesivas para  soportarlas otra vez. A la luz de la luna comprendí lo imprudente que había sido  al viajar de día. Sin el sol abrasador, la marcha me habría resultado menos  fatigosa; de hecho, me sentí de nuevo lo bastante fuerte como para acometer el  ascenso que por la tarde no había sido capaz de emprender. Recogí mis cosas e  inicié la subida a la cresta de la elevación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ya he dicho que la ininterrumpida monotonía de la  ondulada llanura era fuente de un vago horror para mí; pero creo que mi horror  aumentó cuando llegué a lo alto del monte y vi, al otro lado, una inmensa sima o  cañón, cuya oscura concavidad aún no iluminaba la luna. Me pareció que me  encontraba en el borde del mundo, escrutando desde el mismo canto hacia un caos  insondable de noche eterna. En mi terror se mezclaban extraños recuerdos del  Paraíso perdido, y la espantosa ascensión de Satanás a través de remotas  regiones de tinieblas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al elevarse más la luna en el cielo, empecé a observar  que las laderas del valle no eran tan completamente perpendiculares como había  imaginado. La roca formaba cornisas y salientes que proporcionaban apoyos  relativamente cómodos para el descenso; y a partir de unos centenares de pies,  el declive se hacía más gradual. Movido por un impulso que no me es posible  analizar con precisión, bajé trabajosamente por las rocas, hasta el declive más  suave, sin dejar de mirar hacia las profundidades estigias donde aún no había  penetrado la luz. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;De repente, me llamó la atención un objeto singular que  había en la ladera opuesta, el cual se erguía enhiesto como a un centenar de  yardas de donde estaba yo; objeto que brilló con un resplandor blanquecino al  recibir de pronto los primeros rayos de la luna ascendente. No tardé en  comprobar que era tan sólo una piedra gigantesca; pero tuve la clara impresión  de que su posición y su contorno no eran enteramente obra de la Naturaleza. Un  examen más detenido me llenó de sensaciones imposibles de expresar; pues pese a  su enorme magnitud, y su situación en un abismo abierto en el fondo del mar  cuando el mundo era joven, me di cuenta, sin posibilidad de duda, de que el  extraño objeto era un monolito perfectamente tallado, cuya imponente masa había  conocido el arte y quizá el culto de criaturas vivas y pensantes. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Confuso y asustado, aunque no sin cierta emoción de  científico o de arqueólogo, examiné mis alrededores con atención. La luna, ahora  casi en su cenit, asomaba espectral y vívida por encima de los gigantescos  peldaños que rodeaban el abismo, y reveló un ancho curso de agua que discurría  por el fondo formando meandros, perdiéndose en ambas direcciones, y casi  lamiéndome los pies donde me había detenido. Al otro lado del abismo, las  pequeñas olas bañaban la base del ciclópeo monolito, en cuya superficie podía  distinguir ahora inscripciones y toscos relieves. La escritura pertenecía a un  sistema de jeroglíficos desconocido para mí, distinto de cuantos yo había visto  en los libros, y consistente en su mayor parte en símbolos acuáticos  esquematizados tales como peces, anguilas, pulpos, crustáceos, moluscos,  ballenas y demás. Algunos de los caracteres representaban evidentemente seres  marinos desconocidos para el mundo moderno, pero cuyos cuerpos en descomposición  había visto yo en la llanura surgida del océano. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Sin embargo, fueron los relieves los que más me  fascinaron. Claramente visibles al otro lado del curso de agua, a causa de sus  enormes proporciones, había una serie de bajorrelieves cuyos temas habrían  despertado la envidia de un Doré. Creo que estos seres pretendían representar  hombres... al menos, cierta clase de hombres; aunque aparecían retozando como  peces en las aguas de alguna gruta marina, o rindiendo homenaje a algún  monumento monolítico, bajo el agua también. No me atrevo a descubrir con detalle  sus rostros y sus cuerpos, ya que el mero recuerdo me produce vahídos. Más  grotescos de lo que podría concebir la imaginación de un Poe o de un Bulwer,  eran detestablemente humanos en general, a pesar de sus manos y pies palmeados,  sus labios espantosamente anchos y fláccidos, sus ojos abultados y vidriosos, y  demás rasgos de recuerdo menos agradable. Curiosamente, parecían cincelados sin  la debida proporción con los escenarios que servían de fondo, ya que uno de los  seres estaba en actitud de matar una ballena de tamaño ligeramente mayor que él.  Observé, como digo, sus formas grotescas y sus extrañas dimensiones; pero un  momento después decidí que se trataba de dioses imaginarios de alguna tribu  pescadora o marinera; de una tribu cuyos últimos descendientes debieron de  perecer antes que naciera el primer antepasado del hombre de Piltdown o de  Neanderthal. Aterrado ante esta visión inesperada y fugaz de un pasado que  rebasaba la concepción del más atrevido antropólogo, me quedé pensativo,  mientras la luna bañaba con misterioso resplandor el silencioso canal que tenía  ante mí. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Entonces, de repente, lo vi. Tras una leve agitación  que delataba su ascensión a la superficie, la entidad surgió a la vista sobre  las aguas oscuras. Inmenso, repugnante, aquella especie de Polifemo saltó hacia  el monolito como un monstruo formidable y pesadillesco, y lo rodeó con sus  brazos enormes y escamosos, al tiempo que inclinaba la cabeza y profería ciertos  gritos acompasados. Creo que enloquecí entonces. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;No recuerdo muy bien los detalles de mi frenética  subida por la ladera y el acantilado, ni de mi delirante regreso al bote  varado... Creo que canté mucho, y que reí insensatamente cuando no podía cantar.  Tengo el vago recuerdo de una tormenta, poco después de llegar al bote; en todo  caso, sé que oí el estampido de los truenos y demás ruidos que la Naturaleza  profiere en sus momentos de mayor irritación. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando salí de las sombras, estaba en un hospital de  San Francisco; me había llevado allí el capitán del barco norteamericano que  había recogido mi bote en medio del océano. Hablé de muchas cosas en mis  delirios, pero averigüé que nadie había hecho caso de las palabras. Los que me  habían rescatado no sabían nada sobre la aparición de una zona de fondo oceánico  en medio del Pacífico, y no juzgué necesario insistir en algo que sabía que no  iban a creer. Un día fui a ver a un famoso etnólogo, y lo divertí haciéndole  extrañas preguntas sobre la antigua leyenda filistea en torno a Dagón, el  Dios-Pez; pero en seguida me di cuenta de que era un hombre irremediablemente  convencional, y dejé de preguntar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Es de noche, especialmente cuando la luna se vuelve  gibosa y menguante, cuando veo a ese ser. He intentado olvidarlo con la morfina,  pero la droga sólo me proporciona una cesación transitoria, y me ha atrapado en  sus garras, convirtiéndome irremisiblemente en su esclavo. Así que voy a poner  fin a todo esto, ahora que he contado lo ocurrido para información o diversión  desdeñosa de mis semejantes. Muchas veces me pregunto si no será una  fantasmagoría, un producto de la fiebre que sufrí en el bote a causa de la  insolación, cuando escapé del barco de guerra alemán. Me lo pregunto muchas  veces; pero siempre se me aparece, en respuesta, una visión monstruosamente  vívida. No puedo pensar en las profundidades del mar sin estremecerme ante las  espantosas entidades que quizá en este instante se arrastran y se agitan en su  lecho fangoso, adorando a sus antiguos ídolos de piedra y esculpiendo sus  propias imágenes detestables en obeliscos submarinos de mojado granito. Pienso  en el día que emerjan de las olas, y se lleven entre sus garras de vapor  humeantes a los endebles restos de una humanidad exhausta por la guerra... en el  día en que se hunda la tierra, y emerja el fondo del océano en medio del  universal pandemonio. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se acerca el fin. Oigo ruido en la puerta, como si  forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. No me encontrará. ¡Dios mío,  esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3514832974183176039-8036674279425007656?l=supernaturalhigh.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/feeds/8036674279425007656/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3514832974183176039&amp;postID=8036674279425007656' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3514832974183176039/posts/default/8036674279425007656'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3514832974183176039/posts/default/8036674279425007656'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/2006/11/dagn-de-hp-lovecraft.html' title='Dagón, de H.P. Lovecraft'/><author><name>PJT/Darkman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05931030025911750746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3514832974183176039.post-4641276394626168697</id><published>2006-11-23T22:18:00.000-01:00</published><updated>2006-11-24T15:01:11.162-01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='&quot;Reseñas en Tierra de Cinéfagos&quot;'/><title type='text'>INFILTRADOS (Mis reseñas en Tierra de Cinéfagos)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5991/429056759543844/1600/919725/infiltrados%20cartel%20espa%3Fol.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 189px; height: 276px;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5991/429056759543844/400/540864/infiltrados%20cartel%20espa%3Fol.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style=";font-family:georgia;font-size:100%;"  &gt;Siguiendo la (relativamente nueva) costumbre de anunciaros aquí todas las reseñas que vaya publicando en &lt;a href="http://www.lacoctelera.com/cinefagos"&gt;Tierra de Cinéfagos&lt;/a&gt;, debería haberos anunciado hace unas tres semanas la aparición de la correspondiente a lo nuevo de Scorsese, &lt;em&gt;Infiltrados&lt;/em&gt; (The Departed).&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div  style="text-align: justify;font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Aunque en un principio fuera con la escopeta cargada ante el temor de que Scorsese se hubiera limitado a plagiar lo conseguido en la estupenda &lt;em&gt;Infernal Affairs&lt;/em&gt; (cuya reseña pudisteis leer &lt;a href="http://www.lacoctelera.com/pedrojosetena/post/2006/03/02/infernal-affairs-juego-sucio-"&gt;aquí &lt;/a&gt;hace unos meses), tengo que reconocer que el resultado de esta versión hollywoodiense también ha sido de mi agrado. No me ha gustado tanto como la original, pero no puedo negar que me haya parecido también un buen thriller. De hecho, y dentro de lo que Hollywood nos ha "regalado" este año, me parece de lo mejorcito que ha salido de allí.&lt;br /&gt;Pero no os digo más, puesto que creo que es mejor que leais la reseña completa:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lacoctelera.com/cinefagos/post/2006/11/01/infiltrados-the-departed-resena-darkman"&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 51, 255);"&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;big&gt;&lt;big&gt;&lt;u&gt;&lt;b&gt;Leer reseña de &lt;i&gt;Infiltrados&lt;/i&gt; en Tierra de Cinéfagos&lt;/b&gt;&lt;/u&gt;&lt;/big&gt;&lt;/big&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5991/429056759543844/1600/629654/departed1-400.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger2/5991/429056759543844/400/117964/departed1-400.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3514832974183176039-4641276394626168697?l=supernaturalhigh.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/feeds/4641276394626168697/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3514832974183176039&amp;postID=4641276394626168697' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3514832974183176039/posts/default/4641276394626168697'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3514832974183176039/posts/default/4641276394626168697'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://supernaturalhigh.blogspot.com/2006/11/infiltrados-mis-reseas-en-tierra-de.html' title='&lt;strong&gt;INFILTRADOS&lt;/strong&gt; (Mis reseñas en Tierra de Cinéfagos)'/><author><name>PJT/Darkman</name><uri>http://www.blogger.com/profile/05931030025911750746</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
